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viernes, 19 de marzo de 2010

Educando a ‘El Diablo’

LOS TUBOS
Por JOSÉ JAIME RUIZ
MARZO 19, 2010
ruizjj@lostubos.com


John Anderton: No doubt the precogs have already seen this.
Lamar Burgess: No doubt.
Minority Report. Steven Spielberg

Como José Antonio “El Diablo” Fernández es un ignorante en cuestiones de mayorías y de minorías, hay que darle unas pequeñas pero sustanciales clases para que su lengua deje de correr más rápido que su entendimiento.

En marzo 10 pudimos leer: “La mayoría silenciosa tiene más ganas del estadio que la minoría ruidosa que han estado diciendo mentiras, porque nosotros no pensaríamos destruir la ecología ni nada. Al contrario, crear un parque maravilloso que es lo que quiere hacer el Gobierno del Estado y nosotros ayudar construyendo el estadio, cuyos excedentes de lo que rinda el estadio te darían para que el parque tenga viabilidad y futuro”.

Una semana después, en marzo 17, los ciudadanos pudieron leer: “hay minorías más gritonas y hay mayorías muy silenciosas. La mayoría quiere el estadio y no se manifiesta tanto, aunque ya empiezan a verse calcomanías y cosas de apoyo para este proyecto”.

Ya que “El Diablo” no asistió a la escuela para aprender y tal vez no sabe lo que está diciendo o dice lo que pretende saber, hay que educarlo en el uso del adjetivo. Hay algo de imbecilidad cuando se califica a una mayoría como “silenciosa” y se concluye que “tiene más ganas del estadio que la minoría ruidosa”.

¿Cuál es el método terrenal que nos pueda comprobar que la mayoría que guarda silencio prefiera el ambicionado estadio? Si esa mayoría es “silenciosa”, ¿cómo saber lo que opina? ¿Acaso cuando manifestamos una opinión no dejamos de ser “silenciosos” para ser ahora “sonoros”, “habladores” o “ruidosos”? ¿Puede haber mayor memez en esa declaración?

José Antonio “El Diablo” Fernández dirige, a pesar de sus declaraciones, la cofradía –minoritaria por supuesto– de los “gritones” que favorecen hacer con espacios públicos, lucro privado. Esa es la minoría a la que pertencen Rodrigo Medina, Ivonne Álvarez, Héctor Morales y Ricardo Hiram Barbosa Alanís. Ellos son los que siguen haciendo “ruido” a favor del estadio… minoría selecta, pero minoría al fin y al cabo.

Puntilla: ¿Acaso se equivocó el gran poeta Percy Bysshe Shelley cuando afirmó que “La riqueza es un poder usurpado por la minoría para obligar a la mayoría a trabajar en su provecho”, es decir, en el lucro?

miércoles, 17 de marzo de 2010

Sobre las minorías



por Ximena Peredo

Con agradecimiento y admiración,
a la Comunidad LGTB, por su ejemplo.

Todos formamos parte de alguna minoría, aunque algunos no quieran asumirlo por temor a parecer débiles. El concepto se ha entendido como “los muy pocos” , “los perdedores” o “los amolados”, pero esto sólo evidencia cómo entienden algunas personas desde el pensamiento hegemónico a la diversidad: quien no piensa o no vive como yo, forma parte de una minoría.

José Antonio Fernández desprecia la movilización social que pugna porque el nuevo estadio del Club Monterrey no sea financiado con recursos públicos ni en un espacio que debiera albergar un bosque. Por preferir que en las 25 hectáreas que exige para su estadio y su macro estacionamiento se rehabilite la vida de un ecosistema, hemos sido tachados por él como “una minoría ruidosa”. Tengo que decir que discrepo. Creo que la mayoría de este planeta sufre de una gran tristeza ante la pérdida de futuro. Las mayorías observan con terror los cambios que presentan las estaciones del año, las extremadamente altas o bajas temperaturas en el ambiente, las furiosas precipitaciones, el desgarramiento de los polos. Las mayorías sufren las consecuencias de tener gobiernos supeditados a códigos mercantiles. A esa mayoría pertenecemos.

Si queremos hablar de verdaderas minorías, hablemos de los muy pocos que se han enriquecido explotado irracionalmente los recursos naturales que pertenecen a todos. Quienes ostentan el poder son incapaces de verse como la minoría que son. Se dedican a gobernar el “mundo” sin el pueblo, por eso se equivocan, por eso pueden generar tanto daño.

El movimiento lésbico, gay, transgénero y bisexual (LGTB) fue por muchos años considerado una minoría. Si habláramos de “minorías ruidosas” tendríamos que hablar justamente del colectivo LGTB, cuyas “ruidosas” demandas fueron poco a poco sensibilizándonos sobre la incondicionalidad de sus derechos. El día de hoy las cosas han cambiado. En el Distrito Federal se han consumado bodas entre personas del mismo sexo que sólo una minoría intolerante repudia. Los papeles se cambiaron. Lo que fue considerada la lucha de un pocos, se convirtió en una exigencia social.

Por eso este movimiento es un referente imprescindible para quienes luchamos hoy por concientizar a nuestra comunidad sobre el derecho que tenemos a vivir en un ambiente sano y sustentable. Las “minorías ruidosas” despiertan y despertarán a quienes prefieren negar la realidad. Celebro la existencia de estos movimientos de conciencia, creativos e independientes cuya fuerza es la certeza, la solidaridad y la voluntad.

El Colectivo Ciudadano en Defensa de la Pastora puede parecer minoritario, pero pronto dejará de serlo. La razón no es un asunto de conteo de votos, la democracia –lo hemos visto- es falible, no pertenece ni a las mayorías ni a las minorías, la razón es un rocío que la historia convierte en lago. El tiempo es un juez inclemente y en el caso que nos ocupa no demorará en dictar sentencia.